27 febrero, 2006

El Bosque

El fin de semana estuve en el bosque y encontré todo el oxigeno que se puede encontrar a ras de tierra.
El bosque siempre me transporta y sin lugar a dudas es algo que pertenece a mi vida desde mi niñez, sentir los musgos en los pies; la humedad resbaladiza que te convierte instintivamente en un animal; al caminar se mueve todo mi cuerpo y el equilibrio va de un lado a otro, viva, en silencio y con ruidos privilegiados, que sólo el bosque te puede dar.
La luz es otro cuento, en el bosque hay copas de árboles tan grandes, se entremezclan, no se ve el cielo, la luz por donde atraviesa un claro se convierte en un rayo, sin contar lo espiritual que pueda ser eso en mi vida, igual intento compartirlo.
Ese fue mi sábado, en medio de un bosque nativo que me ha acompañado desde mi niñez, simplemente agotada, de vuelta en la ciudad, pero debo aclarar, ese agote que no se parece en nada a estar cansada, simplemente despejada , renovada como los renuevos que aparecen a pesar de las inclemencias del tiempo y del clima.