21 diciembre, 2006

Fin del Año

"Un año más que se va...", ese himno nacional, cumbianchero, entre la challa, los globos, la serpentina y la fiesta familiar, con los amigos más cercanos.
Cuantas papas peladas, cuantos duraznos maduros, cuantos pescados vendidos, como me decía años atrás un querido amigo.
Ese es el encanto de la vida, los ciclos se cumplen y comienzan otra vez, nos planteamos metas nuevas, deseamos lo mejor a las personas que queremos, amamos o simplemente apreciamos , por ahí tenemos deseos ocultos para nosotros mismos que en nuestro corazón, deseos que nos darían gran alegría si se cumplierán, quién no jugo en su infancia como un trastornado hasta a la ultima energía con el juguete que deseo y pidió al viejito pascuero insistentemente, ese hombre de rojo que nació de la tradición oral y que ahora se transformo en el viejito pascuero neo liberal.
En mi recuerdo de estas fiestas familiares, lo más lindo es recordar para calentar motores como dicen los mecánicos, estar verdaderamente con las personas que amo, reírnos un rato, comer tranquilos, abrazarnos, cantar aunque sea un poco mal por falta de capacidad artística, bailar, jugar con los más chicos, conseguir que alguno de ellos generoso me dé un dulce de su tesoro con su mano pequeña de su bota navideña; buscando en mi recuerdo más íntimo y personal recuerdo la alegría que nos causaba, a mi papá y a mí llevar los regalos al campo el día 24, siempre un queque, la buena sidra argentina, algunas cositas para comer, unas camisas o poleras para los trabajadores y para sus hijos juguetes, la consabida bota de dulces, pero debo confesar que teníamos nuestro regalón, malcriado diría algún amargado severo, Pato, él vivía en la playa a las orillas del Estrecho de Magallanes, para Pato siempre había el mismo trato que para los hijos de los trabajadores, aunque sus papas no trabajaban con nosotros; dulces, un juguete que hiciera harto ruido, prendiera luces, esas cosas, pero una vez hubo algo más especial todavía, él siempre que mi papá dejaba su sombrero en una mesa, salia corriendo y se lo ponía, se reía, hasta que su mamá, seria lo retaba, lo dejaba en la mesa con cuidado y con unos ojos grandes, hermosos negros como uvas, se iba haciendo el leso, esa navidad fue especial para todos y que decir de Pato, porque le regalamos un sombrero igual al de mi papá, que feliz el Pato, tanto que cuando me acuerdo todavía se me sonríe la mascara de lo feliz el Pato, con sombrero y todo.

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