Hoy voy a contar una historia que me ocurrió hace algunos años. Con un grupo de amigo tuvimos la idea de hacer clases de reforzamiento en matemáticas para niños pequeños, el lugar en el cual trabajamos, eran unas salas en una parroquia de barrio, poco a poco llegaron los niños, los días sábados en la mañana.
Una mañana muy especial, sin saberlo yo llego un niño lleno de motitas en el pelo, negrito, con ojos grandes y una sonrisa muy blanca, entré a la sala que me correspondía, él y junto con uno de los más polillas de mi curso me siguieron. Comencé la clase pidiéndole a este niño nuevo que se presentara con sus compañeros.
Dijo: Mi nombre es José y no soy de aquí, soy de República. Continuo con su presentación este pequeño de República Dominicana y yo hasta el día de hoy me acuerdo de él con mucho cariño.
Dulzura la de un niño inocente que juega con otro, sin importar más que jugar, mi moreno hermoso que llegó desde un lugar tropical a vivir nuestros vaivenes de un clima orgulloso y variable, vivir los inviernos magallánicos, conoció la alegría de deslizarse sobre el hielo como otro más de los polillas; aquí que racismo iba a encontrar donde todos prácticamente somos hijos de una península, o como digo yo, de una casi isla, me costo hacerle entender las tablas de multiplicar pero sí que valió la pena, nunca olvidaré esa bella voz que me dijo: "Yo no soy de aquí , soy de República...".
