Y aquí estoy, la verdad es muy difícil hacerlo sin hacer demasiado largo el texto, todo parece ser importante al acercarme a ese hombre que fue mi padre, pienso que no hay mejor visión para retratar una idea que la que viene de uno mismo, de su memoria emotiva.
Mi papá y yo no sólo jugamos juntos, sino que trabajamos juntos, aprendí mucho de él mientras vivió, incluso después de irse en una tarde cualquiera, seguí aprendiendo de él, de su versatilidad, de su empeño trabajador, de su sentido del humor, de su amor por sus nietos y de su amor por los niños en general, mi viejo era un tipo cariñoso, inteligente, franco, serio, analítico y previsor, un hombre de manos grandes, con tanta fuerza en ellas como historias, esas mismas manos que apoyaban un papel y un lápiz con excelente caligrafía, sabia de manómetros, de sus resortes, de sus lecturas e interpretaciones, sus instrumentos, sus cartas milímetradas, sabia pescar, sabia hacer el contrapeso justo para su anzuelo, todo perfecto en dimensión para las características de donde seria la grata tarde de campo y pesca, buenos ríos, buenas bocas de mar, seco para contar historias, con una sonrisa que conquistaba en los labios, blufeaba con esa sonrisa también, ningún tipo regio puede ser, sin ser un poquito fresco. Que grato el silencio, cuando hacíamos cosas juntos, si hay algunas cosas que extraño de él es esa paz que nos confundía en un silencio oficioso, tanto amor me ha dado que yo nunca pertenecí al grupo de los pobres de afecto, ahora ando segura por la vida, porque mis pasos se trazaron a un lado de su camino, con amor de verdad, yo siempre he tenido la suerte de tener buenos maestros y maestras en la vida, no es chochera, mi viejo fue y es mi gran maestro, el mero mero diría una amiga mexicana, mi viejo permanece en mi vida de otra forma, para nada diluida, presente en buen espíritu, mi Padre, él de los contratos de esquila, el trabajador de Enap, mi padre el que sostenía mi libreta de notas sin abrirla en las reuniones de padres y apoderados, procurando que no saltarán de impronta las malas notas. ¡¡¡Zazzz!!!, a veces, un manchón de frutillas al Sol, eran bastante los rojos, sin dudar nunca de mí, llegaba a casa y me decía en voz sería: "Esto ya es mucho", analizaba la situación y sentenciaba sin ofrecer castigo (de hecho nunca nos toco un pelo, ni a mí, ni a mis hermanos): "Quiero que mejores tus notas". Y que hacia yo... lógico, las mejoraba un poquito, y llegaban esas vacaciones donde nosotros trabajabamos, jugábamos y nos enfrentábamos a la vida de las pampas en esos viajes por Tierra del Fuego como los aventureros que eramos.
Si bien alguien me dijo que escribiera sobre los padres, yo sólo sé que tuve uno que me dio todo, al cual todavía tengo presente en mis días, a mí nunca me falto ni necesite decirle que lo quiero, espero que algún día, cuando sea mi momento y si no me toca caldera, encontrar allá donde no sé, su energía, donde están los buenos, donde de chicos nos dijeron que era el cielo, esa es mi visión de mi viejo, el primer gran hombre que conocí y ame, para amarlo toda la Vida. Un abrazo a quienes comparten este espacio conmigo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario